2ª Parte

   

Capítulo 1

Capítulo 9

Capitulo 2

Capítulo 10

Capítulo 3

Capítulo 11

Capítulo 4

Capítulo 12

Capítulo 5

Capítulo 13

Capítulo 6

Capítulo 14

Capítulo 7

Capítulo 15

Capítulo 8

Capítulo 16
   

 

 

 1ª Parte

   

Capítulo 1

Capítulo 9

Capitulo 2

Capítulo 10

Capítulo 3

Capítulo 11

Capítulo 4

Capítulo 12

Capítulo 5

Capítulo 13

Capítulo 6

Capítulo 14

Capítulo 7

Capítulo 15

Capítulo 8

Capítulo 16
   

 

 

 3ª Parte

   

Capítulo 1

Capítulo 9

Capitulo 2

Capítulo 10

Capítulo 3

Capítulo 11

Capítulo 4

Capítulo 12

Capítulo 5

Capítulo 13

Capítulo 6

Capítulo 14

Capítulo 7

Capítulo 15

Capítulo 8

Capítulo 16
  Capítulo 17
   

 

 
 

 4ª Parte

   

Capítulo 1

Capítulo 9

Capitulo 2

Capítulo 10

Capítulo 3

Capítulo 11

Capítulo 4

Capítulo 12

Capítulo 5

Capítulo 13

Capítulo 6

Capítulo 14

Capítulo 7

Capítulo 15

Capítulo 8

Capítulo 16
   
 

 5ª Parte

   

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Capítulo 9

Capitulo 2

Capítulo 10

Capítulo 3

Capítulo 11

Capítulo 4

Capítulo 12

Capítulo 5

Capítulo 13

Capítulo 6

Capítulo 14

Capítulo 7

Capítulo 15

Capítulo 8

Capítulo 16
  Capítulo 17
   

 
 

 6ª Parte

   

Capítulo 1

Capítulo 9

Capitulo 2

Capítulo 10

Capítulo 3

Capítulo 11

Capítulo 4

Capítulo 12

Capítulo 5

Capítulo 13

Capítulo 6

Capítulo 14

Capítulo 7

Capítulo 15

Capítulo 8

Capítulo 16
  Capítulo 17
 

 

 

 

EL AGUILA GUERRERA

 

PRIMERA PARTE

 

1. "HACÍA FALTA TANTO ARSÉNICO..."

 

"A esto siguió una terrible convulsión -relatará su hermano Manuel, acompañante en la fatal travesía- que apenas le dio tiempo para despedirse de su patria, de su familia y de sus amigos".

Cornelio Saavedra, moderado y conciliador con las ex autoridades coloniales, había logrado imponerse sobre Mariano Moreno, jacobino y rabiosamente antigodo. Para desembarazarse de él lo envía a Europa con una misión relacionada con la compra de armamento. More­no acepta, quizás con la intención de dar tiempo a sus partidarios para revertir la situación y también para sal­var su vida. Un oficial de su secretaría en la Junta, Pedro Jimenez, declarará en la correspondiente investigación abierta años después por la Asamblea General Constitu­yente, que le había aconsejado que se alejase o se ocul­tase "pues corrían voces de que se le quería asesinar".

El encono de los saavedristas lo acompaña hasta el embarque. Los acompañantes de don Mariano, su her­mano Manuel y Tomás Guido, secretarios de la misión, lo escuchan susurrar: "Algo funesto se anuncia en mi via­je...”

La fragata inglesa "Fama" soltó amarras el 24 de ene­ro de 1811. A poco de partir Moreno, que nunca había gozado de fortaleza en su salud, se siente enfermo. Segu­ramente como consecuencia de las desazones políticas sufridas durante las últimas semanas.

Para paliar sus males el capitán le administra una pócima, “imprudentemente y sin nuestro conocimiento", apunta Manuel Moreno, quien añade: "Aunque quisimos estorbarlo desamparó su cama ya en este estado, y con visos de mucha agitación, acostado sobre el piso de la cámara, se esforzó en hacernos una exhortación admira­ble de nuestros deberes en el país en que íbamos a entrar, y nos dio instrucciones del modo que debíamos cumplir los encargos de la comisión, en su falta. Pidió perdón a sus amigos y enemigos de todas sus faltas; lla­mó al capitán y le recomendó, con el más vivo encareci­miento, el cuidado de su esposa inocente -con este dic­tado la llamó muchas veces-."

La historia ha inmortalizado sus últimas palabras: "¡Viva mi patria aunque yo perezca!". Luego se sumergió en la inconsciencia.

Mariano Moreno murió luego de una horrible agonía de tres días. Era el amanecer del 4 de marzo de 1811. Tenía 32 años.

"Su cuerpo fue puesto en el mar, a las cinco de aque­lla misma tarde, después de haberle tributado las demos­traciones compatibles con nuestra situación. La bandera inglesa, a media asta, y las descargas de fusilería anun­ciaron a las otras fragatas del convoy la desgracia sucedida en la nuestra, y el cadáver estuvo expuesto todo aquel día sobre la cubierta, envuelto también en la bandera inglesa".

Al poco tiempo de partir don Mariano hacia su nunca alcanzado destino londinense, su esposa -María Gua­dalupe Cuenca- recibió anónimamente un abanico de luto, un velo y un par de guantes negros. "Era el anuncio de su próxima viudez", señala Enrique de Gandia en su Historia del 25 de Mayo.

Otro dato muy sugerente fue que el gobierno porteño haya firmado contrato con un tal Mr. Curtís, el 9 de fe­brero, es decir quince días después de la partida del ex secretario cae la Junta de  Mayo y sin conocer, por lo tanto la noticia de su muerte, aunque "para el caso de que falleciera"., adjudicándole una misión idéntica a la de Moreno para el equipamiento del incipiente ejército nacional. El artículo 11 de este llamativo documento aclara "que si el. señor doctor don Mariano Moreno hubiere fa­llecido, o por algún accidente imprevisto no se hallare en Inglaterra, deberá entenderse Mr. Curtís con don Aniceto Padilla en los mismos términos que lo habría hecho el doctor Moreno."

En el navío "Fama" no había médico, función que cumplió el misterioso capitán, quien se negó al pedido de Guído y de Manuel Moreno para que desviara la nave a algún puerto cercano a fin de tratar al enfermo. Además la marcha del barco, y sin justificación evidente, se retra­só notoriamente.

Dicho oficial, cuyo nombre nuestra historia no regis­tra, jamás volvió a pisar Buenos Aires aunque sí regresó el buque.

Como es sabido, anoticiado, don Cornelio exclamó: "Hacía falta tanta agua para apagar tanto fuego". Efecti­vamente, el arsénico quema las entrañas... (2, 63, 67).*

 

  



  


2. EL VOCAL SUICIDA

 

De él se decía que era el integrante de la Junta de Mayo de mayor fortuna personal.

Español, nacido en 1782, Juan Larrea era el dueño de una flota naviera. Comprometió su peculio en un préstamo para la formación dela primera escuadra argentina que fue puesta a las órdenes de Guillermo Brown.

El intermediario, Pío White, un norteamericano que fue espía inglés en las invasiones de 1806 y 1807, hombre de negocios turbios, los perjudicó en uno de los primeros negociados que registra nuestra Historia, lamentablemente caudalosa en estos descarríos, comprando a precios exorbitantes.

El infortunio de Larrea se agrava cuando, comprometido con el gobierno de Alvear y la logia Lautaro, es arrastrado en su caída y desterrado a Francia. Se afinca en Burdeos y, hábil hombre de negocios, se recupera inaugurando la navegación postal entre el Río de la plata y Europa. Logra ser nombrado cónsul argentino en dicha ciudad francesa.

Durante el bloqueo francés de 1839, y dadas sus vinculaciones económicas con el país enemigo. Rosas sabotea sus operaciones comerciales llevándolo a la quiebra.

Tantos avatares son demasiados para el ex integrante de la Junta de Mayo, quien se hunde en la miseria y en la depresión.

El 20 de junio de 1847 termina con su vida degollándose con su navaja de afeitar.(8).

 

  


 

3. CARTAS A NADIE.

 

María Guadalupe Cuenca, esposa de Mariano Moreno, escribe:

“Mi querido y estimado dueño de mi corazón:

“Me alegraré que lo pases bien y que al recibo de ésta estés ya en tu gran casa con  comodidad y que Dios te dé acierto en tus empresas; tu hijo y toda tu familia quedan buenos pero yo con muchas fluctuaciones y el dolor en las costillas que no se me quita y cada vez va a más; estoy en cura, me asiste Argerich, se me aumentan  mis males al verme sin vos y de pensar morirme sin verte y sin tu amable compañía; todo me entristece, las bromas de Micaela me enternecen porque tengo el corazón más para llorar que para reír, y así mi querido Moreno, si no te perjudicas procura venirte lo más pronto que puedas o si no hacerme llevar porque sin vos no puedo vivir, la casa me parece sin gente, no tengo gusto para nada de considerar que estés enfermo o triste sin tener tu mujer y tu hijo que te consuelen y participen de tus disgustos; ¿o quizás ya habrás encontrado alguna inglesa que ocupe mi lugar? No hagas eso, Moreno, cuando te tiente alguna inglesa acuérdate que tienes una mujer fiel a quien ofendes después de Dios.”

La carta estaba fechada el 14 de marzo de 1811. El cadáver de Moreno había sido arrojado al mar diez días antes (47).

 

  


 

4. EL CABALLO “BLANCO” DE SAN MARTÍN

 

El general Espejo, quien combatió a las órdenes del Libertador, es el único que se ocupa, en sus Memorias, de la descripción de los caballos de San Martín.

El caído bajo la metralla goda en San Lorenzo era un “bayo de cola cortada al corvejón”, regalo de un tal Rodrigáñez.

En la campaña de los Andes, el mismo memorioso describe a don José cabalgando por las calles de Mendoza sobre un “hermoso alazán tostado de cola recortada y tuse criollo”, y en otras ocasiones en un “zaino negro y de  largas crines”.

No hay referencias entonces de que el “caballo blanco de San Martín” fuese blanco...(1).

  

  

  



5. “NO ES COSA DE LOCOS?”

 

La logia Lautaro, que gobierna Buenos Aires, teme al creciente poder del caudillo “oriental” Artigas, líder carismático que seduce a la plebe y que amenaza con establecer alianzas con otros gobernadores, especialmente con el poderoso Francisco Ramírez, de Entre Ríos.

El 20 de enero de 1814, furioso porque Buenos Aires se niega a convocar el congreso que reconocería su importancia militar y política y sus consiguientes derechos, Artigas abandona el sitio de Montevideo, enarbolando su propia bandera para hacer aún más irritativo su desplante (la azul y blanca de las Provincias Unidas cruzada en diagonal con la banda punzó del federalismo).

Aunque la plaza está a punto de caer en manos de sus sitiadores, la mayor parte de las tropas orientales sigue a su jefe, conducidas por Otorgués, “mano derecha” del caudillo. En cuanto a las que quedan, muy reducidas –informa Rondeau, comandante de las tropas porteñas, a su gobierno-, “no puede contarse con confianza porque a pesar de su disimulo se advierte una disposición a seguir el partido de aquel jefe”.

Gervasio Posadas, que acaba de ser nombrado Director Supremo por la logia, declara el 11 de febrero a José Artigas “infame, privado de su empleo, fuera de la ley y enemigo de la Patria”; considera crimen de alta traición darle “cualquier clase de auxilio”, y fija una recompensa de seis mil pesos “al que entregue su persona, vivo o muerto”.

Pero Artigas tenía el prestigio del que él carecía. “Rondeau renuncia, French y Usted renuncian –escribiría Posadas al coronel Soler, días más tarde-, Artigas renunció y nos arrancó 500 hombres. Los oficiales que ha hecho prisioneros me escriben que los he sacrificado inocentemente porque la causa de Artigas es justa. Belgrano renunció y está enojado. San Martín dice que a su mayor enemigo no le desea aquel puesto. Días Vélez ha renunciado y está enojado. ¿No es cosa de locos? ¿Se puede así marchar a ninguna empresa?”(67).

 

  


 

6. LA NECESARIA DISCIPLINA.

 

Era amante del orden y de la disciplina. Fue eso lo que lo hizo partidario de la monarquía para estas tierras del Plata y lo que, años más tarde, lo llevó a simpatizar con Juan Manuel de Rosas.

Un oficial le reclamó que no podía mantenerse con el escaso sueldo que cobraba. San Martín le contestó “que era de admirar la frescura con que aspiraba el solicitante a gravar al Estado en medio de las más premiosas urgencias públicas y cuando todos los jefes y oficiales del ejército sufrían sin quejarse iguales molestias y privaciones.”

A un soldado sanjuanino que, prisionero de los realistas, había sido obligado a jurar que no volvería a empuñar las armas: “Quedan sus manos libres para atacar el enemigo; mas si una ridícula preocupación aun se las liga, se le desatarán con el último suplicio.”

Al pie de una solicitud de un prisionero español que pedía que en obsequio y gracia de la Patrona del ejército, se lo acordase la libertad:”No ha sido poca gracia que librase la vida.”

En el sumario de una chacarera presa por haber malhablado de la patria: “Sobreséese mediante la entrega de diez docenas de zapallos que el ejército necesita para su rancho.”

A veces la firmeza del Libertador se mezclaba con el humor: cuando el capitán general de Chile, el español Marcó del Pont, recibió el oficio en que se le comunicaba la declaración de nuestra independencia, al entregar al mensajero Álvarez Condarco la contestación correspondiente, dijo racistamente: “Yo firmo con mano blanca, no como  la de su general, que es negra.”

Triunfantes los argentinos en Chacabuco, el mandatario realista intentó huir pero fue hecho prisionero antes de embarcarse en Valparaíso.

Llevado a presencia de San Martín, éste lo recibió en pie y tendiéndole la mano con semblante risueño, dijo a quien había puesto buen precio a su cabeza, vivo o muerto: “Venga esa mano blanca...” (11. 24. 30).

 

  

 



7. LA ESCLAVITUD, ¿ABOLIDA?

 

La Asamblea del año XIII sancionó la “libertad de vientres”, es decir abolió la esclavitud. Dicho decreto del 2 de febrero fue completado dos días más tarde por otro en el que se declaraba libres “a los esclavos que de cualquier modo se introduzcan desde este día en adelante por el solo hecho de pisar el territorio de las Provincias Unidas”.

Esta disposición tuvo carta vida pues provocó la protesta del todopoderoso embajador inglés, lord Strangford, quien, en protección del comercio de su país, pretextó que así se favorecía la fuga de esclavos brasileños y se impedía el paso por el territorio de las Provincias Unidas de propietarios brasileños con su séquito de esclavos.

El decreto fue anulado”como una prueba irrefragable de la sinceridad con que desea conservar y promover la buena inteligencia establecida entre ambas posesiones a influjo de la respetable interposición de V.E.” (67).

 

  

 



8. “¡VA EL DEMONIO! ¡VA LA CARNE!”

 

Del Directorio de Juan Martín de Pueyrredón escribió el general Tomás de Iriarte: “Fue tiránico hasta el exceso. Se violaban todas las garantías, o por mejor decir, ninguna existía de hecho, pero aquel gobierno fue el más regularmente cimentado de cuantos se había sucedido del año diez”.

A su favor debe decirse que fue la única vez que San Martín recibió algún apoyo de Buenos Aires para sus campañas.

“Van los 2.000 sables de repuesto que me pidió; van doscientas tiendas de campaña, y no va más. ¡Va el demonio! ¡Va la carne! Y yo no sé cómo me irá con las trampas en que quedo para pagarlo todo... y me voy yo también para que usted me dé algo del charqui que le mando y, ¡carajo! No me vuelva a pedir más si no quiere recibir la noticia de que he amanecido ahorcado de un tirante de la fortaleza”. (Carta del 4 de junio de 1816) (29, 49).

 

  


 


9. LA TOMA DE MONTEVIDEO

 

El general español Vigodet decide rendir la plaza de Montevideo. Una de sus condiciones es entregar la llave de Montevideo a los “orientales” (artiguistas) y no a los porteños.

Alvear, quien está al mando de las tropas por disposición de su tío, el director Posadas, se lo comunica al jefe Otorgués, estrecho colaborador de Artigas: “Mi estimado paisano y amigo. Nada me será más satisfactorio que ver la plaza de Montevideo en poder de mis paisanos y no de los godos”. En sus Narraciones, Alvear dice que invitó a Artigas “pero no vino, lo cual fue un suceso feliz porque a él no hubiera sido fácil alucinarlo”. Es decir, engañarlo.

Otorguéz cayó en la trampa. Se acercó a Montevideo acampando en Las Piedras. Alvear había entrado en la ciudad, violando los acuerdos, el 23 de junio de 1814. La tarde del 24 sale al encuentro de Otorgués con el pretexto de saludarlo y coordinar la entrada de los orientales en Montevideo. Su verdadero objetivo era comprobar in situ el poderío delas fuerzas artiguistas.

Vuelve a la ciudad, mete presos a los dos delegados de Otorgués que lo acompañaban –el Dr. Revuelta y Antonio Suanes-, a quienes somete a un simulacro de fusilamiento, y regresa a Las Piedras a las 9 de la noche con un importante ejército. Ametralla a los hombres de Otorgués que estaban durmiendo, matando a varios centenares. Comunica a Posadas al día siguiente que sólo pudo apoderarse de “ollas, calderas y chinas con que esta chusma está siempre cargada”.

Alvear, que acababa de cumplir 24 años, impedía así que Montevideo cayera en poder de Artigas, constituido en el enemigo N° 1 de Buenos Aires. En premio, su tío lo nombra brigadier general y “Benemérito de la Patria en Grado Heroico” (64, 67).

 

  

 

 

 


10. CLAUSULAS RESERVADAS Y RESERVADISIMAS

 

El Congreso de Tucumán, el 9 de julio, había proclamado nuestra independencia de España.

Sin embargo, menos de dos meses después, ante la amenaza de la invasión portuguesa a la Banda Oriental que temían se extendiese a las provincias mesopotámicas, sostenían una sesión secreta.

El 4 de setiembre de 1816 se aprobaban las cláusulas reservadas: que los comisionados tratasen, tanto en la Corte portuguesa (trasladada al Brasil) como ante el general Lecor (jefe del ejército invasor), “sobre la base de la libertad e independencia de las Provincias representadas en el Congreso” (abandonando, pues, la Banda Oriental a los invasores); “desimpresionarlos de las ideas exageradas que acaso se habrán formado del desorden ñeque nos suponen”; conseguir un manifiesto público de Lecor de no tener pretensiones sobre esta Banda (la Oriental), para no alertar a Artigas y a sus simpatizantes, engañando sobre “el objeto de la expedición militar contra la Banda Oriental”; “persuadir al gabinete del Brasil a que se declare Protector de la libertad e independencia de estas Provincias restableciendo la casa de los Incas y enlazándola con la de Braganza”.

Las cláusulas reservadísimas votadas por unanimidad revelan que los temores de los congresales iban mucho más allá. Instruían a su comisionado que en el caso “de exigírsele que estas Provincias se incorporaren a las del Brasil, se opondrá abiertamente manifestando que sus instrucciones no se extienden a este caso, pero si después de apurados todos los recursos de la política y del convencimiento insistiese en el empeño, indicará, como una cosa que sale de él, que formando un Estado distinto del Brasil reconocerán por su monarca al de aquél mientras mantenga su Corte en ese continente, pero bajo una constitución que le presentará el Congreso”.

Es decir que nuestros prohombres de la independencia, aquellos que tan majestuosamente retrató Blanes, se mostraban dispuestos, pocas semanas después, con algunas condiciones, a pasar a depender del soberano brasileño...

Esa misma tarde se votaron los comisionados: Terrada sería el público e Irigoyen el secreto. Ni uno ni otro fueron a Río de Janeiro. Es que Pueyrredón no creyó necesario entregar el país al Brasil para salvarlo del artiguismo. Prefería, como veremos más adelante, hacerlo con Francia (67).

 

  

 

 

 


11. EL HIMNO NACIONAL

 

El 24 de mayo de 1812 se presentaba en la Casa de Comedia una pieza, “El 25 de Mayo”, de Luis Ambrosio Morante, que terminaba con un himno coreado por los actores. Un espectador, Vicente López y Planes, se sintió inspirado y compuso esa noche la primera estrofa de un himno para reemplazar el de Morante, al que Blas Parera había puesto música.

La letra era inflamadamente independentista, como correspondía al espíritu de la época. Tiempo más tarde la Asamblea del alo XIII pide un “arreglo” acorde con los nuevos vientos que soplan: Inglaterra se opone vigorosamente a todo arresto de autonomía en las colonias de España, su aliad en la guerra contra Napoleón.

El embajador británico lord Strangford hace saber al gobierno de Buenos Aires “lo loco y peligroso de toda declaración de independencia prematura”.

Desaparecen entonces estrofas que anunciaban que “se levanta a la faz de la Tierra una nueva y gloriosa Nación”.

Se infiltran, en cambio, conceptos monárquicos tan en boga entonces, cuando nuestros prohombres parecían competir en candidaturas de príncipes europeos para gobernarnos. Portugués, francés, italiano...

No extraña entonces el “ved en tono a la noble igualdad”, afrancesamiento relacionado con el propósito de coronar al duque de Orleáns. O “sobre alas de gloria alza el pueblo, trono digno a su Gran Majestad”, estrofa desaparecida en la versión definitiva. O “ya su tono dignísimo abrieron, las Provincias Unidas del Sur”, texto del que nos ocuparemos más adelante.

El Himno sufrió en 1860 otra lamentable modificación encomendada a Juan Pablo Esnaola: la marcha vibrante y guerrera se transformó en una pieza pretenciosamente majestuosa, tan estirada que va en camino de convencernos de que nuestra canción patria consta solamente de su introducción, que es lo que habitualmente se ejecuta.

Para colmo de males, por razones diplomáticas, el texto fue mutilado devastadoramente durante la segunda presidencia de Roca, suprimiendo las estrofas denigrantes a España.

Se evaporaron así marciales referencias a “los bravos que unidos juraron su feliz libertad sostener, a esos tigres sedientos de sangre fuertes pechos sabrán oponer”. Tampoco cantaremos: “son letreros eternos que dicen: aquí el brazo argentino triunfó, aquí el fiero opresor de la Patria su cerviz orgullosa doblo”.

De allí en más los escasos retazos sobrevivientes nos harán repetir absurdamente hasta tres veces “y los libres del mundo responden...” (2).

 

  

 

 

 


12. UN SOBERANO PARA EL PLATA (I)

 

“V.E., que sabe calcular las probabilidades, no trepidará en mover el real ánimo de S.M. Cristianísima (el Rey de Francia) para aprovechar las disposiciones favorables que han conservado siempre estos habitantes por los nacionales  franceses, y que pudiera ser en lo sucesivo el fundamento de relaciones sumamente provechosas a ambas naciones”.

Así escribía el Director Supremo de las Provincias Unidas, Juan Martín de Pueyrredón, el 16 de junio de 1818, al hombre fuerte de la Corona francesa, el cardenal Richelieu.

En respuesta, a mediados de agosto llegó a Buenos Aires  el coronel francés Le Moyne, caballero de San Luis y de la Legión de Honor, para seguir por encargo de Richelieu las tratativas iniciadas por Henri Grandsire, nombre seguramente ficticio de un eficaz agente secreto galo.

El 2 de setiembre Le Moyne daba a Richelieu seguridades sobre Pueyrredón: “A pesar de que ha recibido otras proposiciones, tengo la garantía del señor Pueyrredón de que se entregará a Francia. Pueyrredón, francés, está animado de los mejores sentimientos  hacia su país”.

El Director Supremo reorganizaba la logia Lautaro buscando eliminar, o al menos disminuir, alvearismo anglófilo. “Desean que las consecuencias no tarden – continúa Le Moyne-. Desean al duque de Orleáns y todas las tropas serán puestas a nuestra disposición”. Más adelante: “Pueyrredón y sus colegas que trabajan en estos momentos en la Constitución la hacen tan monárquica como lo permiten las circunstancias”.

Francia ha propuesto la coronación de uno de sus príncipes. La respuesta no se hace esperar: “Puede V.S. estar seguro y contar con que el proyecto relativo a los intereses de este país que ha propuesto V.S. tendrá los resultados favorables que debemos prometernos”.

En secreto se elige al comisionado argentino que debía concluir con el gabinete francés los detalles de la coronación del duque de Orleáns: el canónigo Valentín Gómez (67).

 

  

 

 

 

 

13. LAS ESCUELAS DE BELGRANO

 

El gobierno de Buenos aires, a raíz del triunfo de Salta, dispuso que al jefe de los ejércitos patriotas, general Manuel Belgrano, se lo premiaría con un sable con virola de oro, en el que podría leerse “La Asamblea Constituyente, al benemérito general Belgrano”. Además se lo otorgarían cuarenta mil pesos como recompensa.

Siendo vocal del primer gobierno patrio ya el generoso don Manuel había renunciado en 1810 a su sueldo de tres mil pesos, y cuando se lo nombró jefe del Regimiento de Patricios también cedió la mitad de su recompensa pecuniaria.

Al anoticiarse de la decisión de la Asamblea don Manuel envió desde Jujuy una correspondencia a Buenos Aires en la que expresaba su decisión de “destinar los cuarenta mil pesos para la dotación de cuatro escuelas públicas de primeras letras, en las que se enseñe a leer, escribir, la aritmética, la doctrina cristiana y los primeros rudimentos de los derechos y obligaciones del hombre en sociedad hacia ésta y el gobierno que la rija, en cuatro ciudades, a saber, Tarija, Jujuy, Tucumán y Santiago del Estero, que carecen de un establecimiento tan esencial e interesante a la Religión y al Estado y aun ni arbitrios para realizarlos.”

Pero no se limitó don Manuel a desprenderse de una suma entonces importante para que los niños pobres de esas comarcas recibieran educación gratuita, generosidad que su patria mal retribuiría al cabo de los años condenándolo a  morir en la más absoluta pobreza y sin atender a sus reclamos por sueldos impagos, sino que también redactó un “Reglamento” para el funcionamiento de dichos establecimientos educativos.

Los artículos de dicho reglamento son poderosamente reveladores de l lúcida concepción que Belgrano tenía de lo educativo y de su importancia en la sociedad. Es así que en el artículo 1° privilegia la buena retribución al maestro estableciendo que se destinen quinientos pesos anuales para cada escuela, de los que cuatrocientos serán para su pago y los icen restantes para “papel, pluma, tinta, libros y catecismo para los niños de padres pobres que no tengan como costearlo”.

Para evitar el “dedazo” o “acomodo” imponía el sistema del concurso u oposición: “Se admitirían los memoriales de los opositores con los documentos que califiquen su idoneidad y costumbres, oirá acerca de ellos el síndico procurador, y cumplido el término de la convocación, que nunca será menor de veinticinco días, nombrará dos sujetos de los más capaces e instruidos del pueblo, para que ante ellos, el vicario eclesiástico y el procurador de la ciudad, se verifique la oposición públicamente en el día señalado”. Dicho concurso, como lo indica el artículo 4°, debía abrirse cada tres años, para garantizar que el maestro fuera el más capacitado para ejercer tan delicada tarea.

No era ajeno a la voluntad de don Manuel el estímulo a los jóvenes que así lo merecieran: “Se les dará asiento de preferencia, algún premio, distinción de honor, procediéndose en esto con justicia” (artículo 6°).

Tres artículos, el 7°, el 8° y el 9°, están dedicados a la formación espiritual de los niños y jóvenes. Belgrano era católico confeso y practicante: años más tarde, al ser relevado San Martín, le escribirá, en camino hacia Buenos Aires  para ser juzgado por sus derrotas en Vilcapugio y Ayohúma: “ Acuérdese V. de que es un general cristiano, apostólico romano, cele V. de que en nada, ni aun en las conversaciones más triviales, se falte respeto de cuanto diga a nuestra Santa Religión.”

Prudente en penitencias y castigos, en épocas propensas a los mismos, siempre obsesionado por la justicia, Belgrano propone que “si hubiese algún joven de tan mala índole o de costumbres tan corrompidas que se manifieste incorregible, podrá ser despedido secretamente de las escuela con la intervención del alcalde de primer voto, el regidor más antiguo y el vicario de la ciudad, quienes se reunirán a deliberar en vista de lo que previa y privadamente les informe el preceptor”. Insiste en que a los alumnos “por ningún motivo se les expondrá a la vergüenza pública! (artículo 15°).

Tendrá también maravillosas expresiones hacia el maestro, de sorprendente actualidad: “Procurará con su conducta en todas sus expresiones y modos inspirar a sus alumnos amor al orden, respeto a la religión, moderación y dulzura en el trato, sentimientos de honor, amor a la verdad y a al ciencia, horror al vicio, inclinación al trabajo, despego del interés, desprecio de todo lo que tienda a la profusión y al lujo en el comer, vestir y demás necesidades de la vida, y un espíritu nacional que les haga preferir el bien público al privado y estimar en más la calidad de americano que la de extranjero” (artículo 18°). En seguida, en el artículo 19°, nos seguirá asombrando: “Tendrá gran cuidado en que todos se presenten con aseo en su persona y vestido, pero no permitirá que nadie use lujo aunque sus padres puedan y quieran costearlo”.

Quizá lo más remarcable del”Reglamento” de don Manuel Belgrano es la jerarquía que confiere a la tarea del educador. Tanto es así que en el artículo 8° no duda en indicar, ejemplarmente: “En las celebraciones del Patrono de la ciudad, del aniversario de nuestra regeneración política y otras de celebridad, se le dará al maestro en cuerpo del Cabildo, reputándosele por un padre de la Patria”.

Aunque las circunstancias lo obligaron al fragor de las batallas para hacernos libres, nuestro prócer coincidiría con lo que Epicteto había afirmado siglos antes: “Sólo las personas que han recibido educación son verdaderamente libres” (35).

 

  

 

 

 

 

14. UN REVOLUCIONARIO ARREPENDIDO

 

Carlos de Alvear, derribado del gobierno y condenado al exilio, por sus excesos y por el descrédito de la logia Lautaro que él dirigía, escribe desde Río de Janeiro al Rey de España (23 de agosto de 1815):

“Es muy deplorable a un español ** que ha nacido con honor y que procuró acreditarlo entre los gloriosos defensores de la Nación, presentarse ahora a vindicar su conducta en actitud de delincuente y con las sombras de rebelde o enemigo del Rey. Yo me habría ido lejos de los hombres a ocultar mi vergüenza si no conservase una esperanza de hacer disculpables mis procedimientos o si conociera menos de la clemencia del Soberano y la indulgencia de sus ministros”.

Expone que fue a Buenos Aires y se mezcló en política, “animado de la esperanza de rectificar las ideas que alimentaba el fanatismo de la multitud (...) agrégueme al partido de los que eran conocidos por más vehementes y acalorados con el objeto de adquirirme en crédito elevado de patriota y de tomar ascendiente sobre los que suponía más capaces de una oposición sostenida a las ideas de conciliación” ***

Ocupó el Directorio Supremo para “aventurarse a un paso decisivo que pusiese término a esta maldita revolución **** pero había quienes no querían que el país volviere a su antigua tranquilidad (...) Y por eso he caído, por eso he sido víctima; porque mi decidido conato ha sido volver estos países a la dominación de un Soberano que solamente puede hacerlos felices”.

El Rey español no ido respuesta a esta carta. Carlos de Alvear, recuperado por su condición de “venerable” en la dominante sociedad secreta y por sus parentescos y afinidades con los “doctores” de Buenos Aires, volverá a tener activa participación en la política nación, conduciendo el ejército patrio en l victoria de Ituzaingó contra Brasil y desempeñándose como embajador en los Estados Unidos durante el gobierno de Rosas(67).

 

  

 

 

 


15. ¿“ABRIERON” O “ALZARON”?

 

Cuando se canta el Himno coreamos: “Ya su trono dignísimo abrieron”. Es, indudablemente, una frase sin sentido.

Todo indica que cuando la Asamblea del Año XIII sancionó nuestra canción patria lo  hizo sobre una copia defectuosa del texto de López y Planes.

Su autor, cuando era consultado indicaba como correcto lo de “alzaron”. Pero finalmente terminó por inclinarse ante la fuerza del uso, y en 1847 declaró en testimonio que se encuentra en el archivo Mitre, autenticado por su hijo Vicente Fidel López, que el término adecuado era el incomprensible “abrieron” (2).

 

 

  

 

 

 


16. UN SOBERANO PARA EL PLATA (II)

 

En carta a Richelieu del 27 de abril de 1819, el enviado francés Le Moyne le comunica lo que Pueyrredón había dicho en su presencia: “Soy de la patria de Enrique IV, recibí mi educación en Francia, conozco el carácter nacional y sé que es el único que puede convenir a Sudamérica”.

Le cuenta que las principales familias de Buenos Aires se disputaban los maestros de francés para recibir mejor al futuro soberano del Río de la Plata. Pueyrredón había tomado uno para su mujer y otro para una de sus hermanas. Los diputados del Congreso recibirían la noticia de la coronación de Luis Felipe I, duque de Orleáns, “con un entusiasmo difícil de describir”.

El entusiasmo de Le Moyne se justificaba ya que el Director Supremo había llegado a confiarle: “Si Francia nos concede el príncipe que deseamos, le entregaremos no sólo la soberanía de estas Provincias del Sud de América, sino que haremos todos los sacrificios posibles para asegurarle su pacífica posesión” (en la misma carta del 27-4-1819).

Al llegar a París el enviado argentino, Valentín Gómez, había cambiado el gabinete francés y Richelieu fue sustituido en la jefatura del gobierno por el duque de Decazes. Luis Felipe, que llegaría a ser Rey de Francia, estaba descartado como soberano del Plata. En su lugar se enviaría a Carlos Luis de Borbón, joven príncipe de Lucca, con dominio sobre el ducado de Parma.

Tal candidatura no agradó a Gómez. Su misión era poner las Provincias Unidas bajo la protección de una gran potencia como Francia y no de un pequeño ducado italiano. Pero el marqués de Dessolle, canciller, en una entrevista que tuvo lugar el 1° de junio, le aseguró que el príncipe, sobrino lejano del rey Luis XVIII y pariente más cercano de Fernando VII de España, sería bien recibido por Inglaterra y Rusia, y sobre todo que un ejército francés lo acompañaría hasta Buenos Aires para “hacer respetable el trono”ante una posible reacción de los caudillos federales.

El 18 de junio Gómez se dirige al congreso y a Rondeau, flamante Director Supremo en reemplazo de Pueyrredón, instando a que, si bien no era exactamente lo esperado, “no podía dejarse pasar ocasión tan favorable y ventajosa” (67).

 

  


segunda parte

 


* Estos números indican las referencias bibliográficas ordenadas al final del libro.

** N. Del A.: sí, Alvear escribe “español”.

*** N. Del A.: “infiltrarse” para cambiar el rumbo revolucionario.

**** N. Del A.: quien hasta hace pocos días gobernaba en las Provincias Unidas no vacila en calificar de “maldita” a la proclama de Mayo.